sábado, 1 de noviembre de 2025
Caída
miércoles, 29 de octubre de 2025
urgencia
martes, 28 de octubre de 2025
Tiesa
domingo, 26 de octubre de 2025
Vuelo
He salido.
El murmullo era tal que no atinaba
a hallar el hilo de la charla.
Cantan, digo, melopeas susurrosas
a lo lejos, casi sordas.
Era el viento sacudiéndose las hojas
al compás del cielo, con sus idas y sus formas
y sus vueltas y a destiempo.
Son campanas sacudiéndose las penas...
quién pudiera, quién pudiera.
Hojas, viento, penas, peras, peros, paro.
Puro parloteo.
Me deshojo. Soy un ápice instintivo
desesperado, desperezado, despelotado, despetalado.
Me despétalo y que sí, me quiero.
Huelo besos rosas en el aire,
toco dedos al desnudo, me estiro
y no te alcanzo y no te arranco.
Salto hacia el vacío y no me aquieto.
Dentro y fuera de la casa sigue el ruido
y no me hallo y cuento flores de lapacho.
Salgo de mí misma, me desvisto
me desvelo, me desviento y, libre, vuelo.
Cambios
Quisiera confiar en que tengo en las manos
el instrumento preciso
a pesar de lo externo y su bullicio
y de mis pies indecisos
sobre esta tierra cambiante
aunque mude todo y vea más de lo mismo
a cada instante
batallo contra mis prejuicios
y la vil manía de autosabotearme
lo siento,
Sé que la vida trata de enseñarme
me observo
y cada tanto descubro nuevos mundos que subyacen
que, desde dentro, tiran
y vuelvo a distraerme, confusa
hasta que una voz aliada me sorprende
y despierto del sueño un poco más consciente
y es que solo puedo cambiar lo que de mí depende.
Empático el miedo
Lo bueno
de vivir en un monoambiente es que no entran los miedos. No caben.
No entran
Los. Vienen de a uno. Bueno, dos, pero apretaditos, y ahí ni se les entiende.
Se pisan los talones, se les mezclan las ideas, las palabras, y ya ni asustan.
Si entra
uno solito, anda con más soltura. Le toca encontrar, igual, un lugar dónde
acomodarse. Una silla libre de ventiladores, juguetes o remeras. Que haya
recordado levantar los hilos y el vellón al mueble. Que los zapatos no estén
sobre la única baldosa libre al pie de la cama. Y que el gato no esté sobre los
zapatos, sobre la baldosa.
Aunque si
llega a ellos, pasa algo asombroso.
Se da
media vuelta y sale, pidiendo disculpas.
Tranquila
Tormenta
pánic escenic
Aflorar
Un salvavidas
La maga
El infierno y vos
Polaridad en crudo
Un segundo
Volver
Nueve lunas
Volver a caminar
dar a luz
sábado, 25 de octubre de 2025
a mí
Inoportuna
Coincidencias
Yo me mí
el menor de los males
Trascendencia
Caminante
día de Sol
Autoexistente
Semilla
adolescencia
la fuerza
la mansión de dios
Delirios en un cuaderno de historia
Todo en vano
chau
Sufren
hartAtack
Pared de caramelos
Anoche
Pasos
Luna llena
Somos
Ideas y vueltas
ArteSana
Siento tanto...
floreSeré
El suspiro
Entrevista
Aus e n t e
Brotes
De mis manos, manantiales
brotan sueños de hilván y organza
de los mares empíreos vienen
deslizándose entre ávidas murallas
entre velos, entre espinas
entre esquinas afiladas.
De mis senos, hontanares
brotan sueños de mañanas
alegórica manía de habitar es la esperanza
casi ilógica y enérgica acaricia
con sus dedos de melaza.
Del mañana nada brota
Impune y mística ultranza
aunque hoy sueñe, espere, anhele
del misterio es la palabra.
Acá el invierno por las paredes se cuela
ahora, el mate, un gato y otro
acá yo misma y mis manos somos
pero el hilo está en la rueca.
La poesía, para mí...
Cómo...
Distancia
Salvataje
El pantano
Homo homini lupus
Saber saber
Niebla
Flor de poema
Siesta y despertar
martes, 30 de enero de 2024
Ha(s)iendo
Me di cuenta en
estos días
que tejido y
embarazo me han llevado
más o menos a lo
mismo,
a observarme y a
sentirme
entre luces y entre
sombras.
Puntada a puntada,
patada a patada,
Al abandono
imperativo al verdadero Aquí y Ahora.
Al reposo
obligatorio. Al sentir profundo.
Porque sino me
pierdo (entre los puntos).
Y porque no puedo
evitar perderme en este nuevo mundo.
Se detiene todo y solo juego a imaginar
la danza que me inunda
la panza,
el
alma.
Y cuento las
vueltas y cuento los días,
Semanas y, mientras,
sigue su curso la vida.
Y basta que me
desenfoque un solo instante
Para que me
inquiete algún interrogante
O la sensación odiosa de que tal vez, solo tal vez,
debería estar
ha(s)iendo
otra cosa.
martes, 23 de enero de 2024
La revolución. (Pero todo muy normal por acá)
Cinco meses de
vida y ya me revolucionó por completo.
Nueve de diez
mujeres con las que hablé, me contaron sobre cómo vivieron los síntomas durante
sus gestaciones. Algunas la pasaron mal durante los primeros tres meses, otras
durante todo el embarazo, otras con recreos disfrutables. Algunas con mucho
padecimiento, al nivel Su-frí, chamiga. Y las menos, sintieron menos. Como si
nada, como si no estuvieran gestando, más allá de los movimientos propios de
las criaturas, hablamos de síntomas. Y de todas, dos declararon que se
encontraban radiantes y llenas de energía y vitalidad como nunca. Cada mujer es
un mundo. Y en cada una, cada embarazo es un universo aparte.
Por acá, comencé
con una especie de golpe de calor o un bajón de presión, o eso creía, mientras
esperaba el colectivo para volver a casa a la salida del trabajo. Antes de eso
ya había sentido unas nauseas terribles a causa de un pañal usado que alguien había
tirado en el basurero de la biblioteca. Hasta ahí no parecía algo tan
descabellado pensar que aquel aroma y aquella sensación térmica hubieran
surtido tales efectos. Salvo que los malestares siguieron durante una semana. Y
que una mañana cualquiera, de la nada, despertara aborreciendo el mate.
O vamos al médico,
o hacemos un test.
Y dio positivo.
Y fuimos al
médico. Y de la pantalla escuché el sonido más escuchable de todos y vi la
cosita más ilusionadora de todas. Y vi piernitas y brazos chiquititos, y algo
como ojitos como de alien, como de hormiga. Amor y lágrimas de
quécosamáshermosaporfavor. Y no sé cuál de los corazones latía con más
entusiasmo.
Y ya no pude
comer ensaladas. Y ya no pude tomar infusiones. Ni café, ni té, ni mate cocido,
ni mate, ni tere, ni nada, mamu. Yogur. De vainilla y solamente de una marca. Y
fideos, coditos. Un alfajorcito de vez en cuando. Un sandwichito de pan de miga
y jamón y queso y mucha mayonesa, y juguito de limón, dos litros. Y nada de
galletitas; pan blanco. Y olvídate de la ropa de siempre. Que nada me toque la
panza que, aunque ni tengo todavía, me aprietan todos los elásticos. Y alejame
por favor el jabón de tocador, y cambiemos de pasta dental, y esperá que salga
de la casa para que prendas la cocina, y perfumate lejos y… Y sueño, mucho
sueño, y más sueño. Y ganas de llorar por todo.
Así, hasta los
cinco meses. Aunque fue menguando desde los tres.
Ahora ya no
quiero saber nada del yogur y pude volver a incorporar todo, excepto el mate. Y
algunas lecturas. Como la astrología. Leíste bien.
Esto lo voy a
escribir rápido y sin detallar porque me sigue dando nauseas de solo pensarlo.
Meses antes de que comience todo, había comenzado unos talleres de astrología,
tzolkin maya y numerología. Tuve que dejar todo, al bebé no le gusta.
Lo que más me
sorprendió es que a quienes se lo comenté, les pareció de lo más natural y me
respondieron siempre diciendo cosas como Es que ellos son más sensibles, todo
lo que consumimos tiene un efecto en nosotros, todo es energía, se re entiende,
etc., etc. Todo muy normal ja, ja. Y qué te voy a decir. Algo similar me pasó
cuando compartí un video de Juancho, uno de los lagartos que habita y ronda
nuestro patio, en el corredor de la casa y comiendo la comida del gato. En el
video preguntaba a modo de broma, qué alimento balanceado me recomendaban para darle.
Y una gran cantidad de personas respondió con ideas como cáscaras de frutas y
verduras, las sobras del mediodía, huesos, etc. Y yo, bueno, si, todo eso le
damos, pero era pa que se sorprendan y rieran conmigo, ¡ja! Todo muy normal.
Sigo sufriendo el
calor, y mucho, y sueño en igual medida. Me dijeron que algo similar viven
algunas en la menopausia. Las hormonas, dicen. Y todo muy normal.
Pero de pronto el vientremoto y todo pasa a último
plano.
lunes, 22 de enero de 2024
Entre signos de interrogación
He aquí el detrás
de escena, nada más y nada menos. Qué escena, cuál sea, cuál fuera. Un espacio
de aire, de suspiros, de gemidos, resoplidos. Aires que sobran. Para recuperar
los que falten. Que por eso escribo. Por desahogo, por respiro, por latido, por
calma, por búsqueda y reencuentro. Porque siempre hay un proceso en el que ando
nadando, buceando o naufragando.
Hoy, con cinco
meses en la Dulce espera. Revolucionada. Desenterrando preguntas, desempolvando
miedos, descubriendo esperanzas. Con apenas fuerzas para hacer lo mínimamente
cotidiano, levantarme, comer, bañarme. En la lucha interna de ideales, estructuras,
deberes, demandas, mandatos, y lo que simplemente es más allá de todo. Y con
una fortaleza y un amor que explotan y burbujean cada que surge el terremoto en
el vientre, el vientremoto. Se estira, salta, baila, qué hace, y no sé, nada. Yo
solo rio y sonrío. Y me invade un algo que aun no puedo poner en palabras.
Y más allá de mí,
la otra cara de la vida real, en su dulce espera, de mí, de que sea yo quién se
alumbre. Los hilos, los libros, la gente, las cuentas. El mundo que sigue su
curso a pesar de mí.
Y qué si ni peluches ni palabras llegan a
ningún puerto, ni al papel, ni a la pantalla. Y qué si la única fuerza y gana
que me surge se concentra en mi vientre que fascinantemente nutre y crea y
crece por primera vez. Universo vientrecéntrico. Giro en torno a sentires más
internos que nunca, somáticos, oníricos, más intensos que nunca. En la
indescriptible soledad de la inmensidad que me habita y me desborda y que no
cabe en las letras ni en el monoambiente. Como yo en la ropa. Y qué si ya no
quepo en ningún lado. Me reinvento.
Y toca dibujar un
nuevo mundo, con nuevos bordes, con nuevos ojos, colores.
Y qué si hoy solo
sirvo para amar (me).
Encontré en mi galería
la imagen descargada, quizás de Facebook, de ese fragmento de Begoña Abad, y me
tocó el alma.
Y me bajé.
Mi panza baila
desde el alba.
Poema de cuna
Un canto contarte, un cuento te canto Con sol consolar mi pesar, tu llanto Sana que sana, suena que suena Cae suave una risa, una lágrim...
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Volver a tu encuentro mientras todo se derrumba dos ausentes una suerte de estuario me acurruco quisiera sentirte hoguera te acaricio ...
