martes, 30 de enero de 2024

Ha(s)iendo

 

Me di cuenta en estos días

que tejido y embarazo me han llevado

más o menos a lo mismo,

a observarme y a sentirme

entre luces y entre sombras.

Puntada a puntada, patada a patada,

Al abandono imperativo al verdadero Aquí y Ahora.

Al reposo obligatorio. Al sentir profundo.

Porque sino me pierdo (entre los puntos).

Y porque no puedo evitar perderme en este nuevo mundo.

Se detiene todo y solo juego a imaginar

la danza que me inunda

la panza, 

el alma.

Y cuento las vueltas y cuento los días,

Semanas y, mientras, 

sigue su curso la vida.

Y basta que me desenfoque un solo instante

Para que me inquiete algún interrogante

O la sensación odiosa de que tal vez, solo tal vez, 

debería estar

ha(s)iendo

otra cosa.

martes, 23 de enero de 2024

La revolución. (Pero todo muy normal por acá)

 

Cinco meses de vida y ya me revolucionó por completo.

Nueve de diez mujeres con las que hablé, me contaron sobre cómo vivieron los síntomas durante sus gestaciones. Algunas la pasaron mal durante los primeros tres meses, otras durante todo el embarazo, otras con recreos disfrutables. Algunas con mucho padecimiento, al nivel Su-frí, chamiga. Y las menos, sintieron menos. Como si nada, como si no estuvieran gestando, más allá de los movimientos propios de las criaturas, hablamos de síntomas. Y de todas, dos declararon que se encontraban radiantes y llenas de energía y vitalidad como nunca. Cada mujer es un mundo. Y en cada una, cada embarazo es un universo aparte.

Por acá, comencé con una especie de golpe de calor o un bajón de presión, o eso creía, mientras esperaba el colectivo para volver a casa a la salida del trabajo. Antes de eso ya había sentido unas nauseas terribles a causa de un pañal usado que alguien había tirado en el basurero de la biblioteca. Hasta ahí no parecía algo tan descabellado pensar que aquel aroma y aquella sensación térmica hubieran surtido tales efectos. Salvo que los malestares siguieron durante una semana. Y que una mañana cualquiera, de la nada, despertara aborreciendo el mate.

O vamos al médico, o hacemos un test.

Y dio positivo.

Y fuimos al médico. Y de la pantalla escuché el sonido más escuchable de todos y vi la cosita más ilusionadora de todas. Y vi piernitas y brazos chiquititos, y algo como ojitos como de alien, como de hormiga. Amor y lágrimas de quécosamáshermosaporfavor. Y no sé cuál de los corazones latía con más entusiasmo.

Y ya no pude comer ensaladas. Y ya no pude tomar infusiones. Ni café, ni té, ni mate cocido, ni mate, ni tere, ni nada, mamu. Yogur. De vainilla y solamente de una marca. Y fideos, coditos. Un alfajorcito de vez en cuando. Un sandwichito de pan de miga y jamón y queso y mucha mayonesa, y juguito de limón, dos litros. Y nada de galletitas; pan blanco. Y olvídate de la ropa de siempre. Que nada me toque la panza que, aunque ni tengo todavía, me aprietan todos los elásticos. Y alejame por favor el jabón de tocador, y cambiemos de pasta dental, y esperá que salga de la casa para que prendas la cocina, y perfumate lejos y… Y sueño, mucho sueño, y más sueño. Y ganas de llorar por todo.

Así, hasta los cinco meses. Aunque fue menguando desde los tres.

Ahora ya no quiero saber nada del yogur y pude volver a incorporar todo, excepto el mate. Y algunas lecturas. Como la astrología. Leíste bien.

Esto lo voy a escribir rápido y sin detallar porque me sigue dando nauseas de solo pensarlo. Meses antes de que comience todo, había comenzado unos talleres de astrología, tzolkin maya y numerología. Tuve que dejar todo, al bebé no le gusta.

Lo que más me sorprendió es que a quienes se lo comenté, les pareció de lo más natural y me respondieron siempre diciendo cosas como Es que ellos son más sensibles, todo lo que consumimos tiene un efecto en nosotros, todo es energía, se re entiende, etc., etc. Todo muy normal ja, ja. Y qué te voy a decir. Algo similar me pasó cuando compartí un video de Juancho, uno de los lagartos que habita y ronda nuestro patio, en el corredor de la casa y comiendo la comida del gato. En el video preguntaba a modo de broma, qué alimento balanceado me recomendaban para darle. Y una gran cantidad de personas respondió con ideas como cáscaras de frutas y verduras, las sobras del mediodía, huesos, etc. Y yo, bueno, si, todo eso le damos, pero era pa que se sorprendan y rieran conmigo, ¡ja! Todo muy normal.

Sigo sufriendo el calor, y mucho, y sueño en igual medida. Me dijeron que algo similar viven algunas en la menopausia. Las hormonas, dicen. Y todo muy normal.

 Pero de pronto el vientremoto y todo pasa a último plano.

lunes, 22 de enero de 2024

Entre signos de interrogación

He aquí el detrás de escena, nada más y nada menos. Qué escena, cuál sea, cuál fuera. Un espacio de aire, de suspiros, de gemidos, resoplidos. Aires que sobran. Para recuperar los que falten. Que por eso escribo. Por desahogo, por respiro, por latido, por calma, por búsqueda y reencuentro. Porque siempre hay un proceso en el que ando nadando, buceando o naufragando.

Hoy, con cinco meses en la Dulce espera. Revolucionada. Desenterrando preguntas, desempolvando miedos, descubriendo esperanzas. Con apenas fuerzas para hacer lo mínimamente cotidiano, levantarme, comer, bañarme. En la lucha interna de ideales, estructuras, deberes, demandas, mandatos, y lo que simplemente es más allá de todo. Y con una fortaleza y un amor que explotan y burbujean cada que surge el terremoto en el vientre, el vientremoto. Se estira, salta, baila, qué hace, y no sé, nada. Yo solo rio y sonrío. Y me invade un algo que aun no puedo poner en palabras.

Y más allá de mí, la otra cara de la vida real, en su dulce espera, de mí, de que sea yo quién se alumbre. Los hilos, los libros, la gente, las cuentas. El mundo que sigue su curso a pesar de mí.

 Y qué si ni peluches ni palabras llegan a ningún puerto, ni al papel, ni a la pantalla. Y qué si la única fuerza y gana que me surge se concentra en mi vientre que fascinantemente nutre y crea y crece por primera vez. Universo vientrecéntrico. Giro en torno a sentires más internos que nunca, somáticos, oníricos, más intensos que nunca. En la indescriptible soledad de la inmensidad que me habita y me desborda y que no cabe en las letras ni en el monoambiente. Como yo en la ropa. Y qué si ya no quepo en ningún lado. Me reinvento.

Y toca dibujar un nuevo mundo, con nuevos bordes, con nuevos ojos, colores.

Y qué si hoy solo sirvo para amar (me).

 

Encontré en mi galería la imagen descargada, quizás de Facebook, de ese fragmento de Begoña Abad, y me tocó el alma.

Paró el mundo

Y me bajé.

Mi panza baila desde el alba.

 

 


Poema de cuna

 Un canto contarte, un cuento te canto Con sol consolar mi pesar, tu llanto Sana que sana, suena que suena Cae suave una risa, una lágrim...