Hombreo conmigo misma, de par a par, y como siempre o como nunca, me dejo vencer y me dejo ganar. Me acaricio con una suerte de consuelo de alguien distantemente cercano y me inundo de homófonos silencios. Pienso en la palabra Honestidad y en cuantas veces pensé hoy en ella, y en aquella vez y aquella en que fue mi aliada en el secreto, mi testigo y confidente en esta confluente frontera. Punto de partida, sacada de puntas.
Donde todo comienza a tomar forma (aunque aún veo los hombres como árboles y las pinturas desde fuera de la pieza) donde todo va tomando color, sentido, y esas cosas que las cosas toman. Donde un libro ya no es sólo un libro ni mi voy solo una voz. Y nada es lo que parece o nada es aquí lo que es. Y esa gota que rebasa todos los vasos.
Redepente no se trata de nadie más que de quien estoy. Estar o no estar es la cuestión. Ya ni se trata de encontrar el objeto en cualquier parte, ni de explicitar la continua aparición de similitudes, discrepancias y coincidencias extrapoladas apropósitamente. Qué sindéresis. Síncopa sincera. Simpleza silvestre. Simbolismos simpáticos. Síndrome de simpósios.
Y la dialéctica continúa su curso saliéndose, como siempre, de las líneas punteadas.
Tic, tac, otra vez sueño, Tic, tac, otra vez jueves, Tic, tac, otra vez las doce, en medio, siempre en medio, Tac, guardapolvos Tic, al carruaje, o al bondi, lo que aparezca primero.
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