Si el fruto de mis venas se asemejara tan solo a la sombra del eco del alumbramiento de tus manantiales, sospecho,
que sobrarían las formas y su desencanto las reduciría a este vasto hálito que me abrasa y me trashuma ahuyentándolas,
y la sangre de esta pluma correría en vano
y las líneas de esta historia serían viento y sombra al poeta que hendido en sus abismos clama ¡Oh, Tupang!
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