La Mar, hecha verbo condicional.
Edad:
Indescifrable. Cuando el verbo dijo Sea, yo
rimaba con su esencia.
Un color que me identifica o me motiva:
El de la intersección entre mi disimulo y las
urracas que anidan en mis hoyuelos.
Música preferida:
El rubor monótono del arcoíris áurico en mi
costado más húmedo.
Libro predilecto:
El que escribo en la contracara del anhelo
de escurrirme entre el degradé del horizonte.
Yuyo preferido en el mate:
El terciopelo de mis párpados abiertos al
despiste intergaláctico.
Un pájaro que me guste:
El que viene a ronronear mientras acaricio
los silencios del ocaso.
Creo:
En el caleidoscopio azucarado de mis
hechizos infantiles.
Un sueño recurrente:
Sueño que soy el sueño de un picaflor
que, sonámbulo, vuela bajo cascadas de insomnios otoñales.
Un lugar que me guste:
Hay un caminito lila, cruzando la esquina
de los cosquilleos.
Mi mayor miedo:
Encerrarme en vórtices de peceras de
no puedo por desconocerme etérea.
Un dato curioso sobre mí:
Tengo por costumbre ovillar abismos insignificantes
para tejer elixires de vida eterna.
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