Dicen que todo es reflejo
Como es arriba, afuera es
Arde en mí el eco de un interrogante eterno
Veo, veo, ¿qué ves?
Seré yo quien se nubla, quien se atormenta
O será la lluvia quien me ve caer
Seré tal vez la consigna, la noble incógnita
A quien lee el libro abierto, también
Seré la elegía o el canto errante
Seré el puño erguido o seré el puñal
Seré la impotencia o el desenfreno
Seré quien se gira para no ver
La plaza mareada, la motosierra
El muro añejado en que estampan repudio
El monte violado, lo enfermo del río
El morbo en la risa del jefe de turno.
El derecho ignorado, el deber torcido
El plato asustado, la oveja que apuesta
Al lobo que afirma o, tal vez, advierte
Que va a terminar con la indigencia.
El lapacho ingenuo decorando el barrio
La doña de abajo, sin vida y memoria
El néctar que nutre al niño dormido
o acaso otro grito vacío en la historia.
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