Si un deseo solo se me concediera
Por tan dadivoso aflorar, pediría
En afable reciprocidad, sobre tu rostro
la perenne caricia de la vida.
Si las suelas donde supiste acunarte hablaran
Con perfume tildarían tu memoria
Como tiñen de colores los recodos
Donde el eco de tu voz posó su sombra.
Como cálido regazo en los inviernos
Son tus ojos que cobijan mil olvidos
A tu puerto migraré sin miedo alguno
Cuando el único remedio –adentro- sea el exilio.
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