Despertar con el roce de tu aroma
Y una manito tan ajena a vos todavía tendido
con medio cuerpo sobre el mío
Y mi pierna bajo tu pierna bajo la mía.
Sonreír mil veces a pesar de haber
descansado mal y poco, felizmente torcida
pero bien acompañada por el resto de la vida.
Levantarnos a tu orden, siempre a upa porque aún puedo
Cantar en jitanjáforas y bailar, bailar
al son de las botellas que robaste a la abuela
y elegiste hacer rebotar en el suelo.
Contar todo lo que veas, cuato, tino, nee, dos
Elegir siempre buñuelos de banana y avena
Prometo regalarte, si me tocan, pasas de uvas
Besarte, apapacharte tanto, tanto como pueda.
Aprovechemos la plaza un ratito, ahora
Mientras el barrio duerme la siesta
Perdoname el tobogán, el miedo, es tan alto, lo siento, me cuesta soltarte
(Esa palabra me asusta en cualquier contexto).
Verte correr agarrando mi mano
Tan fuerte como tus ganas de ir tras los niños que están llegando
Pero son grandes y de todas maneras el cielo
Anuncia la hora de refugiarse adentro.
Volver al tierno roce del viento en mi vientre
A tu mano entre mis pezones todavía húmedos
Como tu boca que antes de alejarse, me muerde.
Instante en que el placer toca su polo opuesto en un parpadeo y todo se detiene.
Quién adivinaría semejante calma mientras parece gritar la lluvia
Y pensar que casi me alegra que la tormenta sea solo afuera
Y así, volver a la cama y ser manta, ser arrullo y nido,
Y saber que no existe mejor lugar en el mundo
Y sentir que la vida tiene, al fin, sentido.
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